lunes, 18 de enero de 2010

El Diario de Macu

Este diario que hoy comenzarán a leer fue escrito por Mariella Alexandra Córdoba Urrutia, la siempre grande Macu, mi gran amiga y líder, a pesar de que ella misma abandonara las causas por las que luchó cuatro largos años. Pero es su legado como mujer, y nuestra amistad, lo que me obliga a cumplir con el compromiso de hacer público su diario, guardiana de él, como siempre fui. Como quizás muy pocos de ustedes saben, Mariella, una total desconocida, fue asesinada el 31 de diciembre pasado, aproximadamente a las 10:30 de la noche, en los terrenos del cementerio de la Iglesia El Calvario, de una forma brutal e innecesaria por un supuesto asesino serial en formación llamado Reinaldo Torres, que publica sus masacres por internet. Pero lo que quizás no sabía ese asesino, y muchas otras personas, es que mi querida Macu llevaba un diario muy detallado de todo lo que le pasaba, y que además me daba a mí para guardar, en una copia semanal.

Lamentablemente, Macu tuvo una vida en la que fue perseguida por muchos; y la existencia de ese diario, y la promesa de que tras de su muerte sería publicado, la mantuvieron con vida durante una década entera. Ahora que ha muerto, yo cumplo con mi parte del trato, y hago público lo que siempre debió ser público; y que le afecte a sus culpables. Por motivos lógicos, yo me mantendré en el anonimato, y ustedes sólo sabrán que continúo viva en la medida en la que, cada día, salgan a la luz, más de esos viejos días de la escritura de Mariella. Todo lo que leerán es exactamente lo que Macu escribió; ni una palabra más, ni una menos. Lo único que he cambiado son los nombres de las personas inocentes, para que queden cubiertos. De cualquier forma, creo que hablo por todos los inocentes mencionados en este diario, al decir que aunque quedásemos expuestos, y se nos lanzaran encima con amenazas y torturas, gustosos las recibiríamos haciéndole honra al nombre de la que nos guió y protegió en vida. Para mí y para muchos, eres eterna Macu. ¡Qué Dios te tenga en su gloria!

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